Bratislava en un día: lo imprescindible de la capital de Eslovaquia

Interrail por Centroeuropa: escapada en tren desde Viena

Bratislava fue una de esas paradas “de rebote” en nuestro Interrail de 13 días por 8 capitales europeas, que podéis consultar en el siguiente enlace:

Guía completa de Interrail por Centroeuropa: itinerario, trenes, alojamientos y presupuesto

Precisamente por eso acabó sorprendiéndonos más de lo esperado. Sin ser, ni de lejos, la ciudad más glamurosa ni la más turística de Centroeuropa, sí es una de esas que merecen un día si ya estás por la zona.

La clave está en su cercanía a Viena. Tan cerca, de hecho, que visitarla en una escapada de un solo día en tren es casi un trámite: sales por la mañana, paseas sin prisas y vuelves por la tarde sin cambiar de alojamiento. Y de paso, sumas un país más a la lista, algo que en un Interrail siempre sienta especialmente bien.

Así que sin grandes expectativas, sin fuegos artificiales y sin necesidad de dedicarle más tiempo del necesario, Bratislava se convierte en una excursión redonda desde Viena: cómoda, fácil, barata y con suficientes alicientes como para justificar plenamente ese día “invertido” del viaje.

Cómo ir de Viena a Bratislava en tren

La conexión en tren entre Viena y Bratislava es, probablemente, la más corta, fácil y económica que existe entre dos capitales europeas… y muy posiblemente del mundo. No hay excusas para no aprovecharla.

Con trenes cada 30 minutos y que tardan una hora en llegar a destino, saliendo desde estaciones céntricas y con un precio que ronda los 25 € ida y vuelta, la escapada se vuelve casi obligatoria si estás de viaje en Viena y dispones de un día extra para ver algo más que la capital austríaca.

Por eso, visitar Bratislava en una jornada es sencillo, cómodo y nada apresurado.

A continuación os dejamos el horario que recomendamos para recorrer la ciudad sin prisas, disfrutar con calma de su centro histórico y hacer una buena parada para comer en alguno de sus restaurantes tradicionales, que aquí se come mejor de lo que uno espera:

Fuente: trainline.es

Visita a lo imprescindible de Bratislava en un día

Bratislava se puede visitar perfectamente en una sola jornada, y nuestra recomendación es dedicar la mañana a recorrer el centro histórico y dejar la tarde para subir al Castillo de Bratislava, desde donde se disfrutan unas vistas magníficas de la ciudad y del Danubio, que aquí se muestra especialmente majestuoso.

Aunque Bratislava no es una ciudad excesivamente monumental (sobre todo si la comparamos con sus vecinas Viena y Budapest), su casco antiguo, Staré Mesto, tiene mucho encanto: calles empedradas, casas de colores, pequeñas tiendas, restaurantes acogedores y, sobre todo, un ambiente bullicioso, dinámico y sorprendentemente juvenil a cualquier hora del día.

Para más info sobre Budapest, visita en nuestro blog: Budapest en un día: visita a la ciudad y circuito termal en el Balneario Széchenyi

Nuestra recomendación para recorrer Bratislava es hacerlo tranquilamente a pie: las distancias son muy cortas, y aunque la estación de tren queda algo alejada del casco histórico, es un buen punto de partida para comenzar nuestro paseo.

Lo mejor del Staré Mesto de Bratislava

Saliendo de la estación de tren de Bratislava rumbo al Staré Mesto, el primer alto en el camino llega antes de lo esperado: el Palacio Grassalkovich, residencia oficial del presidente de Eslovaquia, plantado en la Hodžovo námestie como quien no quiere la cosa.

Más allá de su fachada elegante (que ya justifica la parada), lo suyo es colarse en sus jardines, especialmente agradecidos en verano, cuando están llenos de flores y se convierten en ese momento de calma absoluta… antes de lanzarnos de lleno al casco histórico.

Unos metros más adelante aparece ya el flamante acceso al casco antiguo de Bratislava: la Puerta de San Miguel, que nos da la bienvenida con su inconfundible y orgulloso tejado azul, imposible de pasar por alto.

La Puerta de San Miguel, inconfundible con su tejado azul. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Una vez cruzado el portal, no hace falta buscar la calle principal del Staré Mesto: aparecemos directamente en ella, listos para empezar a callejear sin rumbo y sin prisas, que es como mejor se disfruta esta ciudad.

Más adelante, siguiendo por esta calle principal (que tiene la curiosidad de ir cambiando de nombre según el tramo que recorremos, para que no nos aburramos) llegamos a la Plaza Mayor de Bratislava (Hlavné námestie).

Hlavné námastie o Plaza Mayor de Bratislava, centro neurálgico de la ciudad. Foto de Carlos Garcia Delgado.

En esta bonita plaza destacan el Ayuntamiento Viejo, uno de los edificios más emblemáticos del casco antiguo, y la Fuente de Maximiliano, que en su día abastecía de agua a la ciudad.

Aquí también nos espera uno de los personajes más fotografiados de Bratislava: Napoleón, tranquilamente sentado en un banco, perfecto para sacar esas fotos curiosas que tanto abundan en Instagram.

Esta estatua nos sirve además como excusa perfecta para hablar de una de las señas de identidad de la ciudad: la abundancia de estatuas simpáticas y a pie de calle repartidas por todo el centro histórico.

La más famosa de todas, auténtico símbolo de Bratislava y a pocos metros de aquí, es la del inconfundible Soldado Čumil, asomando desde una alcantarilla y esperando, pacientemente, a que alguien vuelva a hacerse una foto con él.

A partir de aquí, de camino hacia otro de los grandes símbolos de Bratislava, cruzaremos la elegante Plaza Hviezdoslav, presidida por el imponente edificio del Teatro Nacional de Eslovaquia, una auténtica joya de arquitectura neorrenacentista que merece una parada, aunque sea solo para admirar su fachada.

Imagen del Teatro Nacional de Eslovaquia en la preciosa Plaza Hviezdoslav de Eslovaquia. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Y ahora sí, aunque nos toque caminar un poco más y alejarnos ligeramente del casco histórico, llegamos a uno de los imprescindibles más fotogénicos de Bratislava: la Iglesia Azul.

Su nombre no engaña a nadie: es azul. Muy azul. Y precisamente ahí reside buena parte de su fama y su encanto. Esta iglesia de estilo art nouveau, diseñada por Ödön Lechner (conocido como el «Gaudí húngaro»), parece sacada de un cuento.

No os quedéis solo con el exterior: entrad también al interior, porque sí… también es azul, y la experiencia es tan curiosa como memorable.

La Iglesia Azul de Bratislava, azul por fuera y también por dentro. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Dónde comer bien en Bratislava (sin perder tiempo ni arruinarse)

Después de visitar la Iglesia Azul, y cuando el estómago empieza a pedir atención, es el momento perfecto para parar a comer antes de cruzar la autopista y empezar la subida hacia el castillo.

Bratislava no es enorme, pero sorprende gratamente por la calidad y variedad de su oferta gastronómica, y nuestra recomendación es clara y probada: Funki Punki Pancakes, en pleno casco antiguo (Staré Mesto), en una de esas calles empedradas que tanto nos gustan y que hacen que comer aquí sepa todavía mejor.

Sus crêpes, tanto dulces como salados, tienen un toque eslovaco inesperado y están sencillamente espectaculares.

Buen producto, precios razonables y un ambiente informal que encaja a la perfección con una visita exprés a Bratislava.

En resumen: muy, muy recomendable.

La subida al Castillo de Bratislava (con vistas al famoso UFO sobre el Danubio)

Una vez bien comidos y mejor bebidos (porque sí, aquí la cerveza también juega en primera división), toca afrontar la subida al Castillo de Bratislava, el gran mirador de la ciudad.

Para llegar hasta él no hay más remedio que cruzar la infame autopista que parte Bratislava en dos (querido ayuntamiento: cubrirla algún día sería un detallazo).

Eso sí, el camino tiene premio, porque justo al lado del tráfico y del concierto permanente de coches se alza la Catedral de San Martín, uno de los templos más importantes de la ciudad y antiguo lugar de coronación de los reyes húngaros.

Y ya que cruzamos la autopista, desde los puentes que la salvan podremos observar a lo lejos la mayor extravagancia urbana de Bratislava (que en esta ocasión decidimos saltarnos): el puente Most SNP, coronado por su famoso “platillo volante”, una rareza arquitectónica que no deja indiferente… para bien o para mal.

Imagen de la autopista, la Catedral y el UFO desde uno de los puentes que llevan hasta el Castillo. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Así, entre cerveza, gótico, coches y ovnis urbanos, comenzamos el ascenso hacia lo alto de Bratislava.

La subida, aunque breve, tiene su puntito de pendiente, pero el esfuerzo queda más que recompensado al llegar arriba.

Desde el Castillo de Bratislava, el Danubio se muestra en todo su esplendor (especialmente al atardecer, cuando el río brilla y la ciudad se vuelve todavía más fotogénica).

Vistas del Danubio desde el Castillo de Bratislava. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Aunque la visita al castillo en sí, con sus cuatro torreones de tejado rojo (símbolo indiscutible de Bratislava) y sus jardines, tiene su interés, aquí no hay duda: las vistas lo superan absolutamente todo.

Imágenes del Castillo de Bratislava y sus jardines. Fotos de Carlos Garcia Delgado.

Tras pasar una inolvidable y soleada tarde en lo alto del castillo, emprendimos el camino de regreso hacia la estación de tren para volver a Viena. Tocaba descansar, recargar energías y prepararnos para nuevas rutas al día siguiente dentro de este viaje de Interrail por Centroeuropa, que aún tenía muchas ciudades y kilómetros de tren por delante.

Nuestro mapa de qué ver en Bratislava…

Qué más hay que ver cerca de Bratislava…