Interrail por Centroeuropa: escapada en tren desde Viena
Budapest era una de las escapadas que más ganas teníamos de hacer durante nuestro Interrail por Centroeuropa, un viaje en tren de 13 días que nos llevó por 8 capitales imprescindibles de la región y que podéis consultar en el siguiente enlace:
Guía completa de Interrail por Centroeuropa: itinerario, trenes, alojamientos y presupuesto
Aprovechando nuestra parada en Viena, decidimos dedicar un día completo a conocer Budapest: salir temprano por la mañana y regresar por la noche, todo con el billete de Interrail y sin necesidad de cambiar de alojamiento. Una escapada redonda, cómoda y muy fácil de encajar en la ruta.
El plan estaba claro desde el principio: empezar el día en uno de los balnearios más famosos de Europa, el Balneario Széchenyi, y dejar para el mediodía y la tarde una visita exprés pero bien organizada por los imprescindibles de Budapest.
¿Se puede hacer todo esto en un solo día? Spoiler: sí, y a continuación os contamos cómo lo hicimos paso a paso.
Cómo ir de Viena a Budapest en tren

La conexión en tren entre Viena y Budapest es cómoda, frecuente y económica, lo que la convierte en una opción ideal para hacer el viaje de ida y vuelta en un solo día.
Hay trenes aproximadamente cada hora y el precio suele estar por debajo de los 20 euros por trayecto (incluso menos si se compran con tiempo), por lo que incluso para quienes viajan con Interrail puede ser interesante valorar la opción de comprar el billete y no gastar un día del pase.
Para poder disfrutar bien de Budapest, sin prisas pero aprovechando la jornada, este es el horario que recomendamos, el que utilizamos nosotros y que permite organizar la visita de forma cómoda y realista:


Cómo moverse por Budapest en transporte público

Budapest cuenta con un transporte público amplio y eficaz, con tranvías tan fotogénicos como veteranos. Aun así, para una visita exprés de un día, nuestra recomendación es clara: el metro. Es rápido, cómodo y perfecto para desplazarse sin perder tiempo.
El verdadero protagonista aquí es la línea 1 del metro (M1), una auténtica rareza histórica: es la segunda línea de metro más antigua del mundo que sigue en funcionamiento, inaugurada en 1896.
Bajad a una de sus pequeñas estaciones, esperad a que llegue el tren traqueteando suavemente (o no tanto) y subid sin pensarlo demasiado. En cuanto se cierren las puertas, habréis retrocedido más de cien años en el tiempo. Práctico, eficiente y con mucho más encanto del que uno espera de un trayecto en metro.

Para adquirir los billetes no hay ningún misterio: hay multitud de máquinas expendedoras, muchas de ellas incluso en plena calle, junto a las estaciones de metro.
Nuestra recomendación es no complicarse la vida con tarjetas diarias ni abonos de mil tipos distintos. Para un día en la ciudad, el billete sencillo es más que suficiente: se compra en segundos y, además, es muy económico (cuesta menos de un euro).
Para más info sobre el transporte público de Budapest os dejamos este enlace a su web:
TRANSPORTE PÚBLICO DE BUDAPEST
Y ahora que ya sois unos expertos en cómo moverse por Budapest, vamos a lo importante…
El Balneario Széchenyi: visita imprescindible de Budapest

Nada más llegar a Budapest, recomendamos ir directamente a hacer el circuito termal, ya que a primera hora suele haber menos gente y se disfruta mucho mejor.
El metro nos lleva sin complicaciones desde la estación de tren hasta el balneario: desde Keleti pályaudvar (línea M2) hasta Széchenyi fürdő (línea M1), dejándonos prácticamente en la puerta.
No os vamos a engañar: el acceso al balneario es un pequeño caos organizado. Las distintas tarifas y colas, la barrera del idioma, las instrucciones poco claras, las taquillas con más ingeniería de la necesaria y la marabunta de gente hacen que, al principio, todo parezca un despropósito.
Aun así, calma y paciencia: tarde o temprano todo el mundo acaba entrando en el vestuario que le corresponde, cerrando la taquilla correctamente (más o menos) y disfrutando de la jornada en remojo, que es de lo que se trata.
Una vez dentro, y como ya ocurre en el metro, la sensación es la de viajar atrás en el tiempo. La bella obsolescencia de las instalaciones (azulejos, mármoles, pasillos, techos y detalles de otra época) no es un defecto, sino gran parte de su encanto.
Y si conseguís olvidar por un momento que estáis rodeados de cientos (o miles) de personas en remojo, disfrutaréis de lo mejor del Balneario Széchenyi: sus múltiples piscinas, de todos los tamaños, profundidades y temperaturas, perfectas para ir saltando de una a otra sin prisa y sin reloj.
Visita exprés a Budapest: de Pest a Buda en una sola tarde
Budapest es, históricamente, una ciudad partida en dos por el Danubio: Buda y Pest. Dos caras bien distintas y separadas no solo por el río, sino también por el carácter y la forma de vivir y visitar la ciudad.

Pero no nos adelantemos y empecemos por Pest, que es la parte más grande, más llana y donde vive la mayor parte de la población. Es la Budapest más urbana, práctica y funcional, perfecta para comenzar una visita rápida sin perder tiempo en desplazamientos innecesarios.
En Pest se concentran muchas de las grandes avenidas, edificios monumentales y puntos imprescindibles que pueden recorrerse caminando sin demasiado esfuerzo. Aquí aprovecharemos también para comer algo rápido, sin florituras, porque el tiempo es limitado y lo mejor aún está por venir.
Pest en visita exprés: Parlamento, Basílica de San Esteban, Mercado Central y otros imprescindibles

Lo más vistoso, espectacular y fotogénico de esta parte de la ciudad es, sin duda, el edificio del Parlamento de Hungría, junto al Danubio, con una fachada neoclásica larguísima y realmente impresionante.
Se trata del tercer parlamento más grande del mundo, y para apreciarlo en todo su esplendor lo mejor es observarlo desde la otra orilla del río o desde alguno de los miradores de Buda, donde podréis capturar su magnitud y belleza en toda su dimensión.

Y ya que estáis por la zona, no olvidéis acercaros al curioso monumento de los Zapatos del Danubio, un homenaje sobrecogedor a los judíos asesinados en la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial.

Su sencillez y crudeza impresionan y dejan huella, convirtiéndose en un imprescindible junto al Parlamento.
Otro de los imprescindibles de este lado del río es la Basílica de San Esteban, también de estilo neoclásico, que se impone con fuerza en el centro de la ciudad y no pasa desapercibida.

Y antes de cruzar a Buda por alguno de sus dos impresionantes puentes sobre el Danubio, el Puente de las Cadenas o el Puente de la Libertad, no dejéis de visitar el Mercado Central de Budapest, tan espectacular como bullicioso.
Llegar es facilísimo: solo hay que recorrer la principal arteria comercial, la calle Váci Utca, hasta plantarse en su entrada y dejarse llevar por su animada atmósfera.
Buda: las tres maravillas que dominan Budapest desde lo alto
Y ya bien entrada la tarde cruzaremos el Danubio para subir a Buda, la parte más monumental y escénica de la ciudad, situada en lo alto de la colina y con algunas de las mejores vistas sobre el río y el Parlamento.
Aquí, como vigilantes de la ciudad desde las alturas, se encuentran las tres joyas de Buda (y de Budapest) que no os podéis perder: el Castillo de Buda, el Bastión de los Pescadores y la Iglesia de Matías.
Juntas, imponentes y bien protegidas por la colina, ofrecen panorámicas que quitan el aliento y fotos que parecen de postal.
Aunque subimos en funicular y el tiempo ya apremiaba, no pudimos disfrutar de todo lo que estas maravillas ofrecen.
Pero así es la vida del viajero exprés: corriendo de un lado a otro, con la sensación de que siempre falta tiempo y de que cada ciudad merece más de lo que puedes darle en un día.
Y aun así, desde lo alto de Buda, contemplando el Danubio, el Parlamento y la ciudad extendida a nuestros pies, uno entiende por qué Budapest engancha. Es una ciudad que te obliga a volver: segunda visita, tercera… y quién sabe cuántas más.
Porque cuando algo combina historia, arquitectura, vistas de infarto, un poquito de aguas termales y el Danubio simplemente no hay suficiente con un solo día.


