Guía práctica para disfrutar al máximo de Kinderdijk y de sus paseos entre molinos
Esta excursión de un día os propone llegar a los molinos de Kinderdijk desde Rotterdam en barco, una experiencia diferente y muy fácil de organizar por vuestra cuenta. Sin tours organizados, sin prisas y, sobre todo, a un precio más que razonable para estar en los Países Bajos.
Y es que los molinos de Kinderdijk se encuentran a tan solo 40 minutos en barco desde el centro de Rotterdam. Pero aquí no navegaréis por los típicos canales estrechos y bucólicos, sino por algo mucho más impactante: el inmenso puerto de Rotterdam, uno de los más grandes de Europa.
El contraste es brutal: grúas, cargueros y arquitectura moderna primero… y, poco después, molinos del siglo XVIII alineados en plena campiña neerlandesa.
La frecuencia es muy buena: salidas aproximadamente cada hora (y en hora punta incluso cada 45 minutos), lo que os permite organizar la visita con bastante libertad.
¿El precio? Menos de 10 euros ida y vuelta.
En un país donde casi todo parece caro, esta excursión es, sorprendentemente, buena, bonita y bastante barata.
Viaje en barco de Rotterdam a Kinderdijk: horarios, precios y lo que te espera a bordo
Si estáis en Rotterdam disfrutando de esta ciudad modernísima durante un par de días, reservad una mañana (o mejor aún, una tarde) para acercaros a Kinderdijk.
La tarde tiene algo especial: menos gente, más calma y una luz dorada que transforma completamente el paisaje. La puesta de sol aquí es sencillamente espectacular.
Y si, como nosotros, viajáis en invierno, entre semana y tomáis el último barco de regreso a Rotterdam, la sensación es casi irreal. Silencio, molinos recortados contra el cielo y muy pocos visitantes alrededor. De esos momentos que se quedan grabados.
Para más info sobre Rotterdam, visita en nuestro blog: Qué ver en Rotterdam en 2 días
A nosotros también nos encantó el propio barco. Funciona como una línea de autobús más, con sus paradas, horarios y numeración (en este caso, la línea 21). Es transporte público puro y duro… pero navegando por uno de los puertos más impresionantes de Europa.
Para consultar horarios y comprar billetes podéis hacerlo directamente en su web oficial:
Mientras esperáis el barco, tanto en la parada de Rotterdam —junto al icónico Puente de Erasmo (Erasmusbrug)— como en la de Kinderdijk, podréis disfrutar de vistas espectaculares del puerto.

El atardecer navegando entre grúas gigantes, cargueros y arquitectura contemporánea es una experiencia en sí misma. El conjunto (puentes, edificios, barcos, luces y reflejos sobre el agua) transmite esa modernidad apabullante que define Rotterdam.
En definitiva: primero el puerto más grande, luego los molinos más fotogénicos. Un contraste perfecto en apenas 40 minutos de travesía.
Nuestra experiencia en Kinderdijk al atardecer: pura magia entre molinos
Kinderdijk (literalmente “dique de niños”) es una población cercana a Rotterdam, mundialmente famosa por sus 19 molinos tradicionales holandeses, esos que seguro habéis visto en todas las fotos y que son Patrimonio de la Humanidad.
Su construcción data de 1738 para los ocho molinos de piedra, y de 1740 para los once restantes de madera.

Estos molinos, como muchos en los Países Bajos, no se utilizaban para moler grano, sino que tenían la función vital de bombear agua de los pólders (superficies de tierra ganadas al mar) para evitar inundaciones.
Hoy en día están en desuso y son solo decorativos, ya que el bombeo se realiza mediante modernas estaciones repartidas por todo el país, donde el 20% de la superficie son pólders.
Lo más impresionante de Kinderdijk es que los 19 molinos están muy juntos, algo poco habitual, lo que los hace increíblemente fotogénicos. Instagrammers, ¡preparaos!

El paseo por Kinderdijk es muy agradable, ya sea andando o en bicicleta, y si vais fuera de horas punta, la experiencia es aún más mágica. Recomendamos seguir el camino principal hasta el último molino, y desde allí regresar al punto de inicio, donde encontraréis un centro de visitantes, tienda de souvenirs y un bar para recuperar fuerzas.
Si vais con tiempo, es interesante visitar algunos molinos habilitados como museos, aunque no fue nuestro caso: al ir al atardecer, todo estaba cerrado (en Holanda, ¡cierran muy pronto!).
La entrada cuesta alrededor de 20 euros, pero es muy completa: incluye la visita a dos molinos, una estación de bombeo, audioguía y hasta un paseo en barca por los canales.
Para más información y compra de entradas:

La vuelta a Rotterdam, ya anocheciendo, fue como estar en un sueño: el barco número 21 apareció puntual entre la bruma y nos recogió únicamente a nosotros en el precioso embarcadero de Kinderdijk.

¿Os hemos recomendado ir al atardecer? Seguro que mil veces…
Eso sí, tendréis que decidir qué tipo de visita queréis hacer:
• Diurna: con entrada a los molinos y paseo en barca.
• Casi nocturna: luz tenue, silencio y soledad absoluta.
Nosotros, como habéis visto, tenemos claro nuestra opción.



