Tres ciudades, dos días y todo en tren: una escapada rápida y bien pensada
Como siempre insistimos, viajar en tren permite hacer escapadas tan intensas como eficientes, y este itinerario de dos días desde Barcelona es un buen ejemplo de ello. En poco tiempo y sin necesidad de coche (no nos gustan los coches), combinamos tres ciudades muy distintas entre sí: la vitalidad mediterránea de Valencia, la espectacularidad histórica de Cuenca y una parada final (esta muy exprés) en Castellón antes de regresar a casa.
La idea es sencilla y muy concreta: aprovechar al máximo las buenas conexiones ferroviarias (aunque el corredor mediterráneo sea, todavía, muy mejorable) para hacer visitas breves, bien organizadas y sin prisas innecesarias. Valencia es la base del viaje y donde pasamos la noche; Cuenca se disfruta a primera hora, cuando la ciudad está más tranquila; y Castellón se convierte en el broche final de la ruta, con un paseo rápido urbano antes de volver a Barcelona.

No os queremos engañar, pero no es un viaje para verlo todo, sino para ver lo esencial de cada lugar, moverse con lógica y demostrar que, con un poco de planificación, se pueden encajar grandes destinos en muy poco tiempo y por poco dinero. Un viaje exprés, sí, pero bien pensado y 100% sobre raíles, como es marca de la casa.
Cómo combinar Barcelona, Valencia, Cuenca y Castellón en tren
A continuación detallamos todas las combinaciones de tren que utilizamos y que recomendamos para encajar este viaje de dos días de forma lógica y eficiente. Son trayectos directos, bien conectados y pensados para optimizar tiempos sin complicaciones ni prisas:
Día 1: Tren Barcelona – Valencia

Día 2 (mañana): Tren Valencia – Cuenca

Día 2 (mediodía): Tren Cuenca – Valencia

Día 2 (tarde): Tren Valencia – Castellón

Día 2 (noche): Tren Castellón – Barcelona

Cómo moverse entre la estación y el centro en cada ciudad
Una vez bajamos del tren, toca resolver una de las partes más importantes del viaje: cómo llegar desde la estación al centro de cada ciudad. En este itinerario las situaciones son muy distintas según el destino, y conviene saberlo de antemano para no perder tiempo ni energías.
En Valencia hay dos estaciones principales (la Estació del Nord y la de Joaquín Sorolla), pero están prácticamente una al lado de la otra y muy bien situadas, por lo que llegar al centro es inmediato y se puede empezar a caminar nada más salir del tren. En Cuenca, en cambio, la estación se encuentra bastante alejada del casco histórico y es imprescindible recurrir al transporte público. Castellón queda a medio camino: la distancia es mayor, pero se puede salvar perfectamente a pie, con un paseo cómodo que además sirve como primera toma de contacto con la ciudad.

Día 1: Valencia: qué ver, dónde comer y dónde dormir
Una vez llegados a Valencia, arrancamos la visita con un paseo lineal por el centro histórico que nos llevará desde la Estació del Nord hasta la parada de autobús de Porta de la Mar.
Y os estaréis preguntando… ¿por qué terminar aquí nuestro paseo mañanero?
Muy sencillo. Porque queremos hacer una de las cosas imprescindibles que todo viajero debería hacer en Valencia: comerse una buena paella en El Palmar, en pleno corazón de la Parque Natural de la Albufera.
Y como no podía ser de otra manera (marca de la casa), nos desplazaremos hasta allí en transporte público.
Afortunadamente, la línea 24 de autobús de la EMT (frecuencia excelente y un precio casi insultante de 2 € por trayecto) nos deja en El Palmar en poco menos de una hora. Cómodos, sin estrés y sin tener que preocuparnos por aparcar en uno de los lugares más visitados de la provincia.
Porque sí, se puede hacer turismo gastronómico… sin coche.
Y aquí os dejamos los horarios de invierno (en verano hay más) de los autobuses para que podáis organizaros a vuestro gusto y cuadrar la paella como Dios manda. 🍽️🥘

Dónde comer y qué ver en El Palmar
El Palmar, que en realidad es un barrio de la ciudad de Valencia (de ahí su buena conexión en transporte público), es uno de los grandes templos de la auténtica paella valenciana.
Aquí los restaurantes marineros se reparten entre sus características casas de dos plantas, tan típicas de la zona, y viven literalmente del producto local: arroz, verduras de la huerta y pescado fresco de la Parque Natural de la Albufera.
Podéis entrar prácticamente en cualquiera de sus restaurantes porque comeréis estupendamente.
La solvencia en sus cocinas está más que contrastada y su fama no es casualidad. Aquí la paella es de las de verdad. Sin inventos. Sin chorizos. Sin experimentos modernos.
Nosotros comimos de maravilla en el Restaurante Bon Aire, que recomendamos sin dudar.
Después de comer, lo ideal es dar un paseo por los alrededores del pueblo. Hay múltiples senderos sencillos que permiten admirar y fotografiar (porque lo haréis) los paisajes típicos de la Albufera: las barcas tradicionales, los canales, las barracas valencianas y esa luz de la tarde tan especial que convierte cualquier foto en postal.

Con la tarde ya cayendo, podemos regresar cómodamente en autobús al centro de Valencia para seguir visitando (en modo exprés, como es marca de la casa) lo más imprescindible de la ciudad.
Visita exprés a lo imprescindible de Valencia
La visita a Valencia, tal y como os estamos explicando, va a ser exprés total, ya que solo dispondremos de unas pocas horas por la mañana y otras tantas por la tarde.
Por eso la vamos a dividir en dos zonas muy claras y muy bien organizadas:
• Por la mañana, aprovecharemos el recorrido lineal entre la Estació del Nord y la parada de autobús de Porta de la Mar para visitar lo más destacado del centro histórico.
• Por la tarde, regresaremos desde El Palmar para dar un paseo tranquilo por la espectacular Ciutat de les Arts i les Ciències del popular arquitecto valenciano Santiago Calatrava.
Porque sí, Valencia se puede ver en versión concentrada… si sabes cómo organizarte.
Qué ver en el centro histórico de Valencia (mañana)


En ese paseo lineal podéis incluir:
• Catedral de Valencia y el Micalet
Todo bastante compacto y perfecto para recorrerlo a pie sin desviaciones absurdas.
Qué ver en la Ciutat de les Arts i les Ciències (tarde)

Por la tarde, ya más relajados y con el estómago lleno de arroz, toca paseo por la zona más futurista de la ciudad:
• Museu de les Ciències Príncipe Felipe
• Palau de les Arts Reina Sofia
• L’Àgora (nuestro preferido)
• L’Oceanogràfic (si no entráis, al menos rodearlo)
Aquí no hace falta entrar en todo, ya que el espectáculo está, sobre todo, en el exterior. Solo caminar, disfrutar de la arquitectura y hacer fotos hasta que la batería del móvil diga basta.
Obviamente, si queréis ver Valencia con calma, entrar en museos, subir torres, recorrer barrios con tranquilidad y saborear la ciudad como se merece… venid con más tiempo.
Valencia lo vale. Y mucho.
Nosotros hemos hecho versión comprimida, concentrada y optimizada al milímetro. Pero esta ciudad tiene luz, arquitectura, gastronomía y ambiente para dedicarle varios días sin ningún problema.
Eso sí, después de caminar todo el día, de autobuses, de centro histórico, de paella gloriosa en El Palmar y de paseo futurista por la Ciudad de las Artes… llegamos al hotel cansados pero felices.
Y sin cenar.
Porque cuando uno ha comido una paella de verdad al mediodía, no necesita absolutamente nada más.
Ducha rápida, piernas en horizontal… y a dormir, que mañana seguimos viajando.
Donde dormir en Valencia
Hoteles hay muchos en Valencia, pero nosotros lo tenemos claro: siempre que volvemos repetimos en el Hotel 19-30 València.
Ubicado en un edificio antiguo rehabilitado en el Barrio de La Roqueta, a escasos metros de la Estació del Nord, es perfecto si (como nosotros) viajáis en tren y al día siguiente queréis salir temprano hacia Cuenca sin complicaciones.
La ubicación es estratégica, pero no es lo único que enamora. El trato cercano de la gente que lo gestiona y sus habitaciones cómodas y cuidadas al detalle hacen que, para nosotros, sea uno de los alojamientos imprescindibles de la ciudad.
El desayuno merece mención aparte. En otras ocasiones hemos podido disfrutarlo con calma y es realmente excelente, variado y preparado con mimo. En este viaje, sin embargo, salimos muy temprano hacia Cuenca y no pudimos aprovecharlo… una pequeña espina que nos obliga, casi moralmente, a volver.
Dormir bien, madrugar, cruzar la calle y subir al tren. Así da gusto viajar.

Día 2: Cuenca (mañana) y Castellón (tarde): visitas rápidas en tren
Cuenca en una mañana: historia colgada sobre las hoces

El viaje a Cuenca comienza a primerísima hora. Queremos aprovechar bien el día y, en poco más de una hora de tren, estamos en destino.
Bueno… en destino, destino, no exactamente.
La estación de alta velocidad Cuenca-Fernando Zobel está situada a varios kilómetros del centro urbano, en mitad de la nada. Una de esas decisiones que nunca acabamos de entender y que también se repite en otras ciudades como Segovia, Guadalajara o Tarragona: la alta velocidad pasa por capitales de provincia… pero deja la estación lejos de todo.
Afortunadamente, existe una solución sencilla y bastante práctica. Desde la misma estación se puede tomar la línea 1 de autobús urbano, que actúa como lanzadera hacia el centro. Tiene una frecuencia aproximada de 30 minutos y deja directamente en Plaza Mayor, en pleno corazón del casco histórico, muy cerquita de las Casas Colgadas.
El billete cuesta 2,15 € y, sin ser la octava maravilla de la conectividad, cumple su función perfectamente: evita taxis, evita complicaciones y en pocos minutos te sitúa donde realmente empieza la visita.
Viajar en tren tiene estas pequeñas contradicciones modernas: alta velocidad para llegar rápido… y luego un último tramo más terrenal para aterrizar, ahora sí, en la ciudad.


La visita la iniciamos de inmediato, nada más bajarnos del autobús, ya que este nos deja en plena Plaza Mayor, en el casco antiguo de la ciudad, en lo alto de un cerro entre las hoces de los ríos Júcar y Huécar.

El resto de la ciudad (la parte nueva) queda en el llano, pero no la visitaremos en esta ocasión (solo la veremos de paso desde el autobús, como si de un bus turístico se tratara). Como es marca de la casa, nos centraremos únicamente en lo imprescindible para una visita exprés.
Y en Cuenca lo imprescindible empieza justo delante de nosotros.
Lo primero que veremos (literalmente al bajar del autobús) es la Catedral de Cuenca. Imponente, elegante y sorprendentemente francesa en su estilo (impacta lo poco convencional que es), fue una de las primeras catedrales góticas de España. Merece la pena entrar si disponéis de algo de tiempo, pero incluso solo contemplarla desde la Plaza Mayor ya justifica la parada.

A escasos minutos caminando desde allí aparecen las Casas Colgadas, el gran icono de la ciudad. Suspendidas sobre la hoz del Huécar, parecen desafiar la gravedad. El mejor punto para entender su magia (y para nosotros el único) es cruzar el Puente de San Pablo (se mueve y puede provocar vértigo) y contemplarlas de frente, con el vacío bajo los pies y la piedra colgada sobre el abismo.


Después, simplemente caminar. Perderse por las calles empedradas del casco antiguo, asomarse a los miradores naturales sobre las hoces del Júcar y del Huécar y disfrutar de esa sensación constante de ciudad suspendida en el aire.
Y si aún queda energía, subir hasta el Barrio del Castillo permite tener una última panorámica espectacular y comprender la posición estratégica de Cuenca.

Todo está muy concentrado. Todo se recorre a pie. Y todo encaja perfectamente en una visita intensa, breve y muy bien aprovechada.
Con todo ya visto y las piernas empezando a recordar que estamos haciendo un viaje exprés, nos encaminamos hacia la parada de autobús de la Plaza Mayor para regresar a la estación de alta velocidad y continuar rumbo a Valencia.
Antes, eso sí, hacemos una breve parada técnica para comer algo rápido por la zona. No es día de mantel largo ni sobremesa eterna. Es día de optimizar tiempos.
Muy cerca encontramos Pícaro Tapas & Copas, un local con personalidad propia, ambiente desenfadado y decoración repleta de Vespas que le da un aire muy peculiar. Sus hamburguesas merecen mucho la pena y son perfectas para reponer fuerzas sin complicarse demasiado.


Con el estómago contento y la sensación de haber exprimido Cuenca al máximo en apenas unas horas, ponemos rumbo de nuevo a la estación.
Próxima parada: seguir sumando kilómetros sobre raíles.
Castellón en una parada exprés antes de volver a Barcelona
Castellón no era el destino. Era el punto intermedio lógico antes de regresar a casa.
Una de esas paradas que haces porque el tren manda… y ya que estás, sales a estirar las piernas.
Desde la estación de Castelló de la Plana se puede llegar caminando tranquilamente al centro en unos 15–20 minutos. El paseo, además, tiene premio: nada más salir atravesamos el extraordinario Parc Ribalta, un jardín histórico del siglo XIX que parece sacado de otra época.
Senderos arbolados, glorietas, bancos clásicos… un pequeño viaje en el tiempo antes de entrar en el corazón urbano.
Camino del centro también cruzamos el eje comercial de la ciudad, formado por las calles Colón, Enmig y Alloza. Aquí se concentra buena parte de la vida local: tiendas tradicionales, comercio de proximidad y ese ambiente tranquilo que tanto se agradece en una parada corta.
Al llegar a la Plaça Major de Castelló encontramos el núcleo monumental: la Concatedral de Santa María, el curioso El Fadrí (campanario del siglo XV, separado del templo y símbolo de la ciudad) y el Mercat Central de Castelló, que nosotros solo pudimos ver por fuera porque por la tarde ya está cerrado.

No es una ciudad que te cambie la vida en una tarde, pero sí una pausa agradable y muy caminable antes del último tramo ferroviario.
Y como toda buena escala merece un pequeño homenaje gastronómico, antes de volver hacia la estación hicimos parada dulce. Hay varias churrerías tentadoras por el centro, pero nosotros nos dejamos conquistar por los churros del Cafè Cupido, que nos supieron a gloria comiéndolos de camino al tren.
Con el azúcar en sangre en su punto óptimo y la sensación de haber exprimido también esta escala improvisada, subimos al último tren del día.
Destino final: Barcelona.
Y otro viaje más que se cierra, como siempre, sobre raíles.


