Aquí empieza Castilla: llanuras infinitas, pueblos solitarios y cielos que parecen no tener fin

Tras completar nuestros dos primeros tramos del Camino de Santiago por etapas utilizando transporte público desde Barcelona, afrontamos ahora un recorrido de 55 kilómetros que nos llevará desde Nájera hasta Villafranca Montes de Oca. Un tramo que dividiremos en tres jornadas de caminata y que, por cuestiones logísticas, requerirá cinco días de viaje en total, incluyendo los desplazamientos de ida y vuelta.
Esta parte del Camino Francés supone un cambio de escenario muy marcado. Dejamos definitivamente atrás La Rioja para adentrarnos en la provincia de Burgos y comenzar a descubrir la esencia de Castilla y León. El paisaje se vuelve más abierto, los horizontes parecen alejarse sin límite y los pequeños pueblos aparecen dispersos entre campos de cultivo que se extienden hasta donde alcanza la vista.

La gran protagonista del recorrido es Santo Domingo de la Calzada, una de las localidades más emblemáticas de toda la ruta jacobea y parada obligada para cualquier peregrino que se dirija hacia Santiago. Su patrimonio histórico y su estrecha vinculación con el Camino la convierten en uno de los lugares más especiales de este tercer tramo.
Un recorrido ideal para empezar a comprender qué significa caminar por Castilla: silencio, inmensidad, despoblación, autenticidad y unos cielos que acompañarán al peregrino durante gran parte de las etapas que están por venir.

Cómo llegar al tramo y regresar a Barcelona utilizando transporte público
Una de las grandes ventajas de este tercer tramo del Camino de Santiago es que la logística resulta sorprendentemente sencilla desde Barcelona.
En nuestras escapadas jacobeas suele ser habitual salir el día anterior, especialmente en este caso, ya que el tramo está ya bastante lejos de nuestro hogar. En esta ocasión contamos con la ayuda de un gran aliado: el tren Alvia directo entre Barcelona y Haro, una conexión muy cómoda que evita transbordos y permite plantarse en La Rioja en pocas horas.

Al llegar a Haro hacemos tarde y noche en el más que recomendable Hotel Arrope, una opción sencilla pero logísticamente muy práctica. Además, la cena incluida resultó ser una agradable sorpresa y nos permitió descansar sin preocuparnos por nada más que el inicio de la aventura del día siguiente.

A la mañana siguiente tomamos el autobús que conecta Haro con Nájera, punto de inicio de este tercer tramo del Camino de Santiago, y comenzamos nuestra primera etapa a pie.

Para el regreso optamos por finalizar la ruta en Villafranca Montes de Oca. La etapa de ese día es relativamente corta, pero decidimos no adentrarnos en los Montes de Oca en esta ocasión. Hacerlo habría supuesto una jornada mucho más larga y, además, habría complicado notablemente la logística del transporte público al finalizar la caminata.
Desde Villafranca Montes de Oca tomamos un autobús hacia Burgos, donde aprovechamos para pasar la tarde paseando por una de las ciudades más interesantes del Camino Francés. Su gran Catedral, la animación de sus calles y el ambiente peregrino la convierten en un excelente lugar para poner punto final a esta escapada.

La noche la pasamos en el más que aceptable Hostal Averroes y, fieles a nuestras costumbres viajeras, terminamos el día disfrutando de una buena hamburguesa en la Hamburguesería Isla, situada en pleno centro de la ciudad.
A la mañana siguiente solo queda subir al Alvia directo de regreso a Barcelona, cerrando así una escapada de cinco días que demuestra que recorrer el Camino de Santiago por etapas utilizando únicamente transporte público es mucho más sencillo de lo que muchos imaginan.

Etapa 1: de Nájera a Santo Domingo de la Calzada (21 km)
Nada más bajar del autobús en Nájera nos ponemos en marcha. No hay tiempo que perder. Apenas dejamos atrás las últimas casas de la localidad, el paisaje comienza a transformarse.

Los viñedos riojanos ya quedaron atrás y el terreno se vuelve más seco, más abierto y más castellano.


Durante gran parte de la jornada caminaremos rodeados de campos y más campos. A nosotros nos encantan estos paisajes aparentemente sencillos, especialmente cuando la tierra recién arada dibuja un mosaico de parcelas en diferentes tonalidades de marrón. Es un paisaje austero, sí, pero también lleno de belleza para quien sabe apreciarla.

Otro de los compañeros de viaje de esta etapa será la autovía A-12, que aparecerá y desaparecerá constantemente a nuestro lado. Su inconfundible banda sonora de camiones y vehículos nos acompañará en varios momentos del recorrido, algo que también formará parte de nuestra experiencia durante las próximas jornadas hasta Burgos.

A la hora de comer hacemos parada en Cirueña, donde encontramos un auténtico clásico para los peregrinos: el Bar Jacobeo. Y qué decir de sus bocadillos XXL. Si algo hemos aprendido recorriendo el Camino de Santiago es que pocas cosas saben mejor que un bocadillo gigantesco después de varios kilómetros caminando.
La llegada a Santo Domingo de la Calzada es una de esas que se recuerdan. Durante mucho tiempo vemos la localidad a lo lejos, pequeña en el horizonte. Parece que nunca va a llegar, pero paso a paso comienza a crecer ante nuestros ojos hasta que finalmente alcanzamos sus primeras calles.



La ciudad nos encantó. Es, sin duda, una de las grandes joyas de esta parte del Camino Francés. Sus iglesias, sus monumentos, sus animadas calles llenas de peregrinos y, sobre todo, esa histórica calzada que atraviesa la localidad y que permite comprender perfectamente cómo el pueblo nació y creció alrededor de la ruta jacobea.
Para pasar la noche elegimos el Hotel El Corregidor. Actualmente se encuentra cerrado, por lo que imaginamos que estará aprovechando el descanso para «corregir» algunas cosillas antes de volver a abrir sus puertas.

La cena homenaje del día corrió a cargo de La Strada. Porque sí, por muy castellanas que sean estas tierras, a veces también apetece premiarse con una buena pizza o un plato de pasta después de una larga jornada caminando.
Etapa 2: de Santo Domingo de la Calzada a Belorado (22,1 km)
La segunda jornada de este tramo del Camino de Santiago sigue un guion muy parecido al de la etapa anterior. Los protagonistas vuelven a ser los grandes campos de cultivo que se extienden hasta el horizonte, dibujando un mosaico de diferentes tonalidades de marrón que cambia constantemente según la luz y el estado de la tierra.

La principal novedad del día es que dejamos atrás la A-12. A partir de aquí, quien nos acompañará durante muchos kilómetros será la carretera nacional N-120. Como ya ocurría con la autovía, aparecerá y desaparecerá constantemente de nuestro campo de visión, unas veces junto al camino y otras escondida tras pequeñas lomas o campos de cultivo.
Puede parecer un detalle menor, pero en una tierra donde la soledad es una constante, la N-120 aporta algo de vida al paisaje. Pueblos, áreas de servicio, bares de carretera, gasolineras y el continuo trasiego de peregrinos aparecen de vez en cuando en algún andadero para romper la monotonía de los inmensos espacios abiertos que caracterizan esta parte del Camino Francés.
La parada para comer la hacemos en Villamayor del Río, concretamente en Casa León, un local, claro está, junto a la N-120. La comida no estuvo mal del todo, aunque el servicio dejó bastante que desear. Uno de esos establecimientos donde uno imagina a Chicote entrando por la puerta para revolucionarlo todo. Aunque, visto que actualmente el local se encuentra cerrado, parece que el desenlace llegó sin necesidad de que apareciera la televisión.
Los kilómetros finales transcurren de forma tranquila hasta alcanzar Belorado. La localidad resulta bastante más grande de lo que aparenta sobre el mapa y cuenta con una buena oferta de alojamientos, bares y restaurantes para los peregrinos que hacen noche aquí.


Para dormir elegimos el Hotel Rural Verdeancho. Aunque se presenta como hotel, la sensación es más bien la de alojarse en una acogedora casa rural de pueblo. Un lugar cuidado con cariño, tranquilo y confortable donde disfrutamos de uno de los mejores descansos de todo el viaje. De esos sitios que te reconcilian con el Camino, con los alojamientos y, por qué no decirlo, también con el ser humano.


Etapa 3: de Belorado a Villafranca Montes de Oca (11,9 km)

La tercera y última etapa de este tramo es también la más corta. En esta ocasión decidimos caminar únicamente durante la mañana y finalizar la ruta en Villafranca Montes de Oca. La razón es puramente logística.
A partir de aquí el Camino se adentra en los famosos Montes de Oca, una de las zonas más conocidas de esta parte de la ruta jacobea. Sin embargo, continuar hasta Ibeas de Juarros, la primera localidad con una conexión razonable de transporte público para regresar, habría supuesto añadir más de 26 kilómetros extra a la jornada. Demasiado para lo que buscábamos en esta escapada.
Así que tomamos una decisión que forma parte de la esencia de viajar por etapas: dejar algo para la próxima vez. El tramo entre Villafranca Montes de Oca y Burgos tendrá que esperar a una futura aventura. Al fin y al cabo, viajar también consiste en adaptarse. Los planes pueden cambiar en cualquier momento por cuestiones de tiempo, logística, meteorología o simplemente porque apetece hacerlo de otra manera.
En cuanto al recorrido, la etapa mantiene prácticamente los mismos ingredientes que las dos anteriores. Campos y más campos acompañan nuestros pasos mientras la inseparable N-120 continúa apareciendo y desapareciendo a nuestro lado. El ruido constante de los vehículos forma ya parte del paisaje sonoro de este tramo del Camino, junto a las pequeñas poblaciones dispersas que surgen junto a la carretera y ofrecen algunos servicios tanto para camioneros como para peregrinos.

Una vez llegamos a Villafranca Montes de Oca toca cumplir con otra de nuestras tradiciones favoritas: el bocadillo de fin de etapa. Para ello nos dirigimos a El Pájaro, uno de los establecimientos más conocidos de la zona. Sí, otro bocadillo más. Y sí, volvió a merecer la pena.

Con el estómago lleno damos por concluido este tercer tramo del Camino de Santiago y tomamos el autobús hacia Burgos. Allí nos espera una tranquila tarde de paseo y una mañana adicional para descubrir la ciudad con calma antes de regresar a Barcelona en tren directo.
Porque a veces el final de una etapa no marca el final del viaje, sino simplemente el comienzo del siguiente tramo.
Qué ver en Burgos en una tarde y una mañana
Después de tres días caminando entre campos, más campos y todavía más campos, llegar a Burgos supone un pequeño choque visual. De repente vuelven los semáforos, las tiendas, el tráfico y la sensación de estar en una ciudad de verdad.
La visita obligatoria es la Catedral de Burgos. Incluso para los que no somos especialmente aficionados a visitar iglesias, hay que reconocer que impresiona. Mucho. Además, resulta imposible perderse porque sus torres aparecen prácticamente desde cualquier punto del centro.
Otro lugar perfecto para pasear es el Paseo del Espolón, probablemente la zona más elegante de la ciudad. Ideal para estirar las piernas sin mochila a la espalda, que también se agradece de vez en cuando.
También merece la pena acercarse al Arco de Santa María y recorrer tranquilamente las calles del casco histórico. Burgos tiene bastante ambiente, muchas terrazas y numerosos bares donde recuperar las calorías perdidas durante el Camino. Porque sí, caminar quema muchas calorías, pero recuperarlas suele ser bastante más divertido.
Y si todavía quedan ganas de seguir viendo cosas, siempre resulta curioso seguir durante un rato las flechas amarillas que atraviesan la ciudad. Nosotros esta vez no las seguimos. Bastante habíamos tenido ya con nuestros 55 kilómetros y preferimos dejar el tramo hasta Burgos para una futura escapada.
Con esto terminamos nuestro tercer tramo del Camino de Santiago por etapas utilizando transporte público desde Barcelona. Han sido 55 kilómetros repartidos en tres jornadas, con Santo Domingo de la Calzada como gran protagonista, muchísimos campos de cultivo, unos cuantos bocadillos memorables y la sensación de haber entrado ya de lleno en Castilla. La próxima vez tocará enfrentarse a los Montes de Oca y completar el camino hasta Burgos. Pero eso ya será otra historia.


