Senderismo en tren por el norte de la Costa Brava: ruta de 3 días de Portbou a Sant Pere Pescador (55 km)

La Costa Brava más salvaje, a pie y en transporte público

La Costa Brava esconde un rincón donde la naturaleza sigue siendo la auténtica protagonista. Lejos de las grandes urbanizaciones y del bullicio de las playas más conocidas, el extremo norte del litoral gerundense ofrece algunos de los paisajes más espectaculares del Mediterráneo: acantilados vertiginosos, pequeñas calas de aguas cristalinas, faros solitarios y pueblos marineros que conservan toda su esencia.

En esta ocasión te propongo una ruta de senderismo de tres días que recorre este tramo más salvaje de la Costa Brava siguiendo, en gran parte, el histórico GR-92, el sendero de gran recorrido que atraviesa todo el litoral mediterráneo español.

La aventura comienza en Portbou, donde llegaremos cómodamente en tren, y finaliza en Sant Pere Pescador, desde donde regresaremos utilizando el autobús y el tren, sin necesidad de disponer de coche en ningún momento. Durante el recorrido haremos noche en El Port de la Selva y en Roses, dos excelentes bases para descansar y disfrutar de la gastronomía local tras cada jornada de caminata.

Skyline de El Port de la Selva, al norte del Cap de Creus. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Como es habitual en Tren de Viajes, además de describir cada etapa, encontrarás toda la información logística necesaria para organizar el viaje, los desplazamientos en transporte público, recomendaciones de alojamiento y los restaurantes que fuimos descubriendo por el camino.

Si dispones de tres días libres, cuentas con un presupuesto ajustado y te apetece descubrir una de las costas más espectaculares y menos masificadas de Catalunya, esta ruta reúne todos los ingredientes para convertirse en una escapada inolvidable.

Cómo ir y volver del norte de la Costa Brava sin coche

Una de las grandes ventajas de esta ruta es que puede realizarse íntegramente utilizando transporte público, sin necesidad de coche. Precisamente esa es una de las razones por las que resulta tan atractiva para los amantes del senderismo en tren.

Si, como nosotros, vives en Barcelona, lo tienes especialmente fácil. En poco más de dos horas puedes estar en Portbou, punto de inicio de la ruta. Pero si vienes desde cualquier otro lugar de España, o incluso desde otros países de Europa, llegar hasta Barcelona en tren, autobús, avión o barco es sencillo, por lo que organizar esta escapada resulta muy cómodo.

Para alcanzar el inicio del recorrido, la opción más práctica es utilizar la línea R11 de Rodalies, que une Barcelona con Portbou. Habitualmente hay varios trenes repartidos a lo largo del día, el trayecto dura alrededor de 2 horas y 20 minutos y el billete suele costar unos 15 euros. Lo mejor es que la estación de Portbou se encuentra a escasos metros del comienzo de la ruta, por lo que nada más bajar del tren ya puedes empezar a caminar.

Imagen panorámica de Portbou con la inmensa estación internacional en primer término. Foto de Carlos Garcia Delgado.

El regreso también es muy sencillo. Desde Sant Pere Pescador hay autobuses que conectan con Figueres. Una vez allí, puedes elegir entre dos alternativas. La primera consiste en tomar de nuevo la línea R11 para regresar directamente a Barcelona. La segunda, especialmente recomendable si encuentras una buena oferta, es caminar unos 30 minutos por el centro de Figueres hasta la estación de Figueres Vilafant, desde donde salen los trenes de alta velocidad. Si compras el billete con antelación, no es raro encontrar tarifas inferiores a 10 euros, realizando el viaje hasta Barcelona en poco más de 55 minutos.

Aquí puedes consultar la combinación horaria que nosotros recomendamos para aprovechar al máximo los tres días de ruta:

Tren de ida

Fuente: renfe.com

Autobús de vuelta

Fuente: moventis.es

Tren convencional de vuelta (opción 1)

Fuente: renfe.com

Tren de alta velocidad de vuelta (opción 2)

Fuente: renfe.com

Día 1. De Portbou a El Port de la Selva: la Costa Brava más salvaje

La primera etapa de esta ruta recorre aproximadamente 18 kilómetros y presenta continuos desniveles. Es la clásica jornada «rompepiernas»: no hay grandes puertos, pero los constantes sube y baja terminan acumulando un desnivel considerable. Aun así, cualquier persona con una forma física mínima puede completarla sin problemas, siempre que se la tome con calma. Nuestra recomendación es hacer una buena parada a mitad de camino para comer tranquilamente y, si el tiempo acompaña, incluso regalarse una pequeña siesta bajo la sombra de algún pino.

Nada más salir de la estación de Portbou comienza la subida más exigente del día. No hay que olvidar que esta localidad, la última población española antes de cruzar la frontera con Francia, se encuentra encajada en el fondo de un barranco, por lo que toca ganar rápidamente unos 200 metros de desnivel hasta alcanzar el Coll de Frare.

La subida de Portbou al Coll de Frare es el tramo más duro que encontraremos en la jornada de hoy. Foto de Carlos Garcia Delgado.

El esfuerzo tiene recompensa. Desde aquí comienza un precioso descenso hacia Colera por un terreno pedregoso cubierto de matorral típicamente mediterráneo, con unas vistas al mar que, sencillamente, quitan el aliento.

Colera es una pequeña localidad costera con mucho encanto, muy poco masificada y con todos los servicios necesarios para el senderista. Un lugar perfecto para hacer una breve parada antes de continuar.

Imagen panorámica del tranquilo y poco masificado pueblo de Colera. Foto de Carlos Garcia Delgado.

A partir de aquí regresan los continuos sube y baja del GR-92, atravesando dos de las playas que más nos gustaron de toda la Costa Brava. La Playa de Garbet, prácticamente virgen y sin edificaciones que alteren el paisaje, es una auténtica maravilla. La Playa de Grifeu, algo más urbanizada, mantiene un desarrollo muy contenido y conserva todo el encanto del entorno.

Imagen del precioso tramo recorrido hasta ahora desde Llançà. Foto de Carlos Garcia Delgado.

La siguiente población es Llançà, la localidad más importante de esta parte de la Costa Brava, donde decidimos hacer la parada para comer.

Y aquí un pequeño inciso: ¡qué maravilla recorrer estos lugares fuera de la temporada alta! Poder disfrutar de las calas, los paseos marítimos y los pueblos sin aglomeraciones cambia completamente la experiencia.

Para comer elegimos el Restaurant Viamar, una de esas agradables sorpresas que aparecen durante el camino. Encontrar un menú del día económico y, al mismo tiempo, una paella extraordinaria no es nada fácil, pero aquí lo consiguen.

El arroz de bacalao del menú del día del Viamar es puro espectáculo. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Por la tarde el paisaje se vuelve algo más urbanizado, aunque siempre de manera muy contenida y con el Mediterráneo acompañándonos prácticamente durante todo el recorrido.

La llegada a El Port de la Selva constituye, sin duda, uno de los grandes momentos paisajísticos de toda la ruta. El pueblo aparece frente a nosotros, al otro lado de una estrecha bahía. La playa dibuja una elegante curva, las pequeñas embarcaciones descansan sobre el agua y las casas blancas trepan por la ladera formando una imagen absolutamente inolvidable. Uno de esos lugares capaces de provocar, sin exagerar, un auténtico síndrome de Stendhal.

Dos imágenes de El Port de la Selva, para muchos el enclave más bonito de la Costa Brava. Fotos de Carlos Garcia Delgado.

Para dormir y cenar elegimos el Hostal Restaurant La Tina, uno de esos establecimientos familiares de toda la vida donde hacer que el huésped coma bien y descanse todavía mejor sigue siendo un oficio que se transmite de generación en generación.

Y si puedes, no te vayas a dormir nada más terminar de cenar. Sal a pasear por el puerto cuando ya ha caído la noche. Escuchar únicamente el sonido del mar y del viento haciendo tintinear los aparejos de las barcas es una de esas pequeñas experiencias que, al menos una vez en la vida, todo el mundo debería disfrutar.

Relajante imagen nocturna de El Port de la Selva. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Día 2. De El Port de la Selva a Roses: cruzando el Cap de Creus

La segunda jornada une El Port de la Selva con Roses y, aunque es una etapa relativamente corta, de 14 km, no conviene subestimarla. Su principal dificultad radica en que deberemos cruzar de norte a sur el macizo del Cap de Creus, el punto más oriental de la península ibérica.

Imagen del fotogénico Castell de Bufalaranya a medio camino de la etapa de hoy. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Pocos senderistas son conscientes de que estas montañas constituyen, en realidad, el extremo oriental de los Pirineos. Aquí la cordillera emerge del mar Mediterráneo, se eleva formando el espectacular paisaje del Cap de Creus y, tras recorrer todo el norte de la península, vuelve a desaparecer bajo el mar Cantábrico a la altura de Hondarribia.

Si dispones de algún día más, nuestra recomendación es dividir esta jornada en dos etapas: El Port de la Selva – Cadaqués y Cadaqués – Roses, aprovechando además para acercarte al Far del Cap de Creus. Nosotros lo hicimos en otra ocasión y podemos decir, sin ningún género de dudas, que es una de las rutas más espectaculares de toda la Costa Brava.

La etapa de hoy discurre casi íntegramente por un paisaje de monte bajo mediterráneo, muy solitario y con excelentes senderos que ofrecen magníficas vistas durante buena parte del recorrido. Es una jornada perfecta para disfrutar del silencio y de la naturaleza más salvaje del Empordà.

Espectacular imagen de la etapa de hoy con la Badía de Roses, final de etapa, al fondo del valle. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Eso sí, no olvides llevar suficiente agua y algo de comida. A lo largo de casi todo el recorrido no encontrarás pueblos, bares ni fuentes donde abastecerte, con la única excepción de la preciosa localidad de La Selva de Mar, situada muy cerca del inicio de la etapa. Afortunadamente, al tratarse de una jornada corta, es perfectamente posible llegar a Roses antes de la hora de comer.

La Selva de Mar aparece a escasos kilómetros del inicio de la ruta. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Y hablando de comer, la oferta gastronómica de Roses es prácticamente inagotable. Sin embargo, nosotros queremos recomendar un clásico que nunca falla: La Bodega Gallega de Roses. Si te apetece disfrutar de una excelente cocina gallega a un precio muy razonable, difícilmente encontrarás una opción mejor.

Para pasar la noche te proponemos dos alojamientos en los que hemos estado y que ofrecen una magnífica relación calidad-precio para una estancia de una sola noche: el Hotel Montmar y el Hotel Ciutadella Roses.

Imagen de la curiosa pica del baño que nos encontramos en el Hotel Montmar de Roses. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Como la etapa termina relativamente pronto, merece la pena dedicar la tarde a visitar el impresionante conjunto monumental de la Ciutadella de Roses, uno de los lugares con más historia de toda la Costa Brava. Y, si el tiempo acompaña, nada mejor que terminar el día con un baño en las tranquilas aguas del golfo de Roses, cuya amplitud y calma sorprenden incluso a quienes ya conocen bien esta costa.

Día 3. De Roses a Sant Pere Pescador: Empuriabrava y el Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà

La tercera y última etapa de esta ruta, de 24 km, nos llevará desde Roses hasta Sant Pere Pescador, atravesando dos lugares completamente opuestos entre sí: Empuriabrava, la urbanización de canales más conocida de la Costa Brava, y el Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, uno de los espacios naturales más visitados de Catalunya.

La jornada comienza recorriendo el larguísimo paseo marítimo de Roses, un agradable tramo completamente llano que nos conduce cómodamente hasta Empuriabrava.

Imagen del larguísimo paseo marítimo de Roses con el Canigó nevado al fondo. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Empuriabrava impresiona por sus dimensiones. Con más de 20 kilómetros de canales navegables, está considerada una de las marinas residenciales más grandes del mundo. Circular por ellos en embarcación debe de ser una experiencia magnífica. Sin embargo, recorrer la urbanización a pie resulta bastante menos atractivo. Su enorme extensión de edificios y calles transmite una sensación de exceso urbanístico que contrasta radicalmente con los paisajes naturales que hemos disfrutado durante los dos días anteriores. Es, probablemente, uno de los mayores desastres urbanísticos que ha sufrido la Costa Brava.

Empuriabrava, la mayor marina residencial de Europa. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Lo mejor de nuestro paso por Empuriabrava fue descubrir el Restaurant Can Fèlix, uno de esos restaurantes de menú del día frecuentados por trabajadores de la zona donde sabes que difícilmente vas a fallar: comida casera, raciones generosas, servicio rápido y precios muy razonables.

Tras recuperar fuerzas comienza, para nosotros, la mejor parte de la jornada: cruzar de norte a sur el Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà.

Este inmenso espacio protegido representa justo lo contrario que Empuriabrava. Aquí la naturaleza ha conseguido conservar gran parte de su aspecto original gracias a una acertada política de protección ambiental. Praderas infinitas, lagunas, canales naturales, ganado pastando en libertad y una enorme diversidad de aves convierten el paseo en una experiencia difícil de olvidar. Especialmente llamativa resulta la abundancia de cigüeñas, un ave que no estamos acostumbrados a encontrar con tanta facilidad en el litoral mediterráneo.

Dos imágenes de los Aiguamolls de l’Empordà en un día primaveral. Fotos de Carlos Garcia Delgado.

Eso sí, si recorres la zona en bicicleta comprobarás que la circulación está bastante restringida en algunos sectores del parque. Entendemos que la conservación de un espacio tan sensible debe ser prioritaria, aunque quizá sería posible compatibilizar mejor la protección ambiental con un mayor número de itinerarios ciclistas.

Si dispones de tiempo, merece mucho la pena detenerse en El Cortalet, el centro de información del parque, por cuyo lado pasaremos durante la ruta. Sus exposiciones ayudan a comprender la enorme riqueza ecológica de este humedal.

Otro lugar imprescindible es el Observatori Senillosa, un antiguo silo agrícola reconvertido en mirador y abierto las 24 horas. Desde lo alto se obtiene una espectacular panorámica que permite apreciar la verdadera dimensión y belleza del parque natural.

El Observatori Senillosa: un mirador privilegiado de los humedales. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Abandonados ya los Aiguamolls, solo restan unos cómodos kilómetros para alcanzar Sant Pere Pescador. Poco antes pasaremos junto a otro lugar con mucha historia: la urbanización Fluvià Nautic. En su día estaba previsto construir aquí un enorme complejo residencial que habría supuesto una segunda Empuriabrava en pleno entorno natural. Afortunadamente, aquel proyecto quedó paralizado antes de desarrollarse por completo. Hoy únicamente permanecen algunos canales, unas pocas edificaciones y un camping, además de un área para autocaravanas. Viendo lo que pudo llegar a ser, el desenlace no parece, ni mucho menos, el peor posible.

Vistas del golfo de Roses con Empuriabrava a la izquierda y el núcleo de Roses a la derecha. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Y así termina esta fantástica travesía por la Costa Brava más salvaje. Tres días de senderismo entre acantilados, calas, pueblos marineros, montañas y humedales, siempre con el Mediterráneo como compañero de viaje y sin necesidad de utilizar el coche en ningún momento.

Porque, al final, viajar despacio tiene recompensa. Y pocas maneras hay mejores de descubrir un territorio que recorrerlo paso a paso, llegando y regresando en transporte público. Estamos convencidos de que esta será una de esas rutas que recordarás durante mucho tiempo.

Qué ver cerca de la Costa Brava: más excursiones y lugares imprescindibles