Ruta a pie entre las estaciones de Camp de Tarragona y Tarragona: 17 km entre bosques, el Pont del Diable y el Mediterráneo

Una ruta entre estaciones de tren que es mucho más de lo que imaginas

¿Quién dijo que una excursión tiene que empezar y terminar en el mismo lugar? Gracias a las dos principales estaciones ferroviarias de Tarragona, es posible disfrutar de una ruta lineal de unos 20 kilómetros viajando cómodamente en tren desde Barcelona. La propuesta consiste en tomar un AVE o Avant hasta la estación de Camp de Tarragona, situada en pleno interior de la provincia, y regresar al final de la jornada desde la estación de Tarragona, ubicada junto al mar Mediterráneo y a pocos pasos del centro histórico.

A primera vista puede parecer una simple forma de enlazar ambas estaciones, pero la realidad es muy distinta. Entre ellas se esconde un recorrido sorprendente que atraviesa bosques mediterráneos, campos de almendros y olivos y pequeños caminos rurales donde cuesta creer que una ciudad de más de 100.000 habitantes se encuentre tan cerca.

Durante el recorrido descubriremos la población de Els Pallaresos, con varios edificios modernistas poco conocidos; haremos una agradable parada para comer en un restaurante de una urbanización que fue una de las grandes sorpresas de la jornada; y nos encontraremos con una curiosa villa romana escondida en medio del bosque.

Pero el gran protagonista de la ruta es, sin duda, el espectacular Pont del Diable o Acueducte de les Ferreres, el acueducto romano de Tarragona y una de las obras de ingeniería mejor conservadas de la antigua Tarraco, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Llegar caminando hasta este monumento de casi dos mil años de antigüedad, rodeado de naturaleza, es uno de esos momentos que justifican por sí solos la excursión.

Dos imágenes de El Pont del Diable de Tarragona en las que parece emerger de las profundidades del bosque. Fotos de Carlos Garcia Delgado.

La entrada en Tarragona también resulta mucho más agradable de lo que cabría esperar. En lugar de caminar entre carreteras e infraestructuras, la ruta aprovecha los paseos peatonales que acompañan al río Francolí para acceder cómodamente a la ciudad. Después de una breve visita a su casco histórico, todavía habrá tiempo para poner el broche de oro a la jornada con un baño en la playa, situada a escasos metros de la estación de Tarragona, antes de regresar en tren a Barcelona.

Si buscas una excursión diferente, original y muy fácil de organizar en transporte público, esta ruta combina naturaleza, patrimonio romano, arquitectura modernista, buena gastronomía y mar Mediterráneo en un solo día. Una propuesta que demuestra que, a veces, el trayecto entre dos estaciones puede convertirse en un viaje inolvidable.

Cómo organizar la excursión en tren desde Barcelona

Uno de los grandes atractivos de esta ruta es que su logística es sorprendentemente sencilla. La excursión está pensada para comenzar en la estación de Camp de Tarragona, a la que llegaréis en un tren de alta velocidad (AVE, Avlo, Iryo o Ouigo), y finalizar en la estación de Tarragona, desde donde podréis regresar cómodamente a Barcelona en un tren convencional Regional Exprés.

Cada día circulan numerosos trenes en ambos sentidos, con frecuencias que, en términos generales, rondan una salida cada hora, por lo que resulta muy fácil adaptar la excursión a vuestros horarios.

Aunque pueda parecer que combinar alta velocidad y tren convencional encarecerá mucho el viaje, la realidad es que la diferencia de precio es bastante pequeña. El trayecto entre Barcelona y Camp de Tarragona en alta velocidad apenas dura unos 30 minutos y es habitual encontrar billetes por menos de 12 € si se compran con algo de antelación. Por su parte, el regreso desde Tarragona en tren convencional cuesta alrededor de 9 € y el viaje dura algo más de una hora.

Nuestra recomendación es salir de Barcelona a primera hora de la mañana para aprovechar el día con tranquilidad. De este modo tendréis tiempo suficiente para recorrer la ruta sin prisas, disfrutar de la comida en el restaurante que os recomendaremos más adelante, visitar brevemente el centro histórico de Tarragona y, si el tiempo acompaña, terminar la jornada con un refrescante baño en la playa antes de tomar el tren de vuelta.

Horarios recomendados

Fuente: renfe.com

La ruta paso a paso: del Camp de Tarragona al Pont del Diable y paseo por Tarragona

Las 10:30 h es una hora perfecta para comenzar a caminar. Llegaréis cómodamente con tren de alta velocidad desde Barcelona y, además, el horario permite disfrutar de la ruta sin prisas y llegar a mediodía al restaurante que os recomendamos. Porque sí, la logística del avituallamiento también forma parte del recorrido… ¡marca de la casa! 🤪

Los primeros kilómetros transcurren rodeando la enorme infraestructura de la estación de Camp de Tarragona para adentrarnos rápidamente en un paisaje completamente diferente. Caminaremos por tranquilos caminos agrícolas entre viñedos, campos de olivos y, sobre todo, almendros, disfrutando de esa esencia mediterránea que caracteriza al Camp de Tarragona.

Poco después llegaremos a Els Pallaresos, una población mucho más interesante de lo que uno podría imaginar. Paseando por sus calles encontraremos varias edificaciones de interés, aunque la gran protagonista es la Casa Bofarull, una espectacular obra modernista de Josep Maria Jujol, discípulo y estrecho colaborador de Antoni Gaudí. Su original fachada y los sorprendentes detalles decorativos bien merecen una breve parada.

Dos imágenes de la modernista Casa Bofarull de Els Pallaresos. Fotos de Carlos Garcia Delgado.

Junto a la Casa Bofarull comienza la segunda parte de la excursión. Dejamos atrás el casco urbano para volver a sumergirnos en el bosque, recorriendo agradables senderos que nos conducirán hasta la extensa urbanización Els Hostalets.

Arte urbano en la urbanización Els Hostalets de Els Pallaresos. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Tras cruzarla por completo llegaremos a otra de las grandes sorpresas del día: el Bar Restaurant Yoli. Su nombre y su ubicación pueden hacer pensar en el típico bar de carretera o de polígono, pero nada más lejos de la realidad. Aquí el cariño con el que hacen las cosas marca la diferencia. Sin grandes pretensiones, sirven una cocina casera excelente, con platos abundantes y realmente deliciosos. Además, el camarero canta las recomendaciones del día con tanta pasión que parece estar presentando el menú de un restaurante de alta cocina. Una parada absolutamente recomendable.

Sin muchas pretensiones decorativas, el Bar Restaurant Yoli ofrece un menú del día extraordinario. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Con las pilas cargadas, retomamos la marcha por un precioso bosque mediterráneo que, poco a poco, nos acerca al gran protagonista de la jornada. Antes de llegar, todavía nos espera otra sorpresa: el Mas dels Arcs, también conocido como Mas de l’Àngel. Su imponente estructura de aspecto casi romano, abandonada en medio del bosque, resulta tan inesperada como fotogénica. Y el gran tótem presidido por la estatua del ángel aporta al lugar una atmósfera tan curiosa como sobrecogedora.

El ángel del Mas de l’Àngel aparece de sopetón en medio del bosque. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Pocos minutos después aparece por fin el espectacular Pont del Diable, una de las obras romanas más impresionantes de Catalunya. Este acueducto, construido hace casi dos mil años para abastecer de agua a la antigua Tarraco, se conserva en un estado extraordinario y sigue impresionando por sus dimensiones y su elegante arquitectura. Lo mejor de todo es que puede recorrerse libremente por su parte superior, una experiencia que no deja indiferente. Nos sorprendió especialmente lo estrecho que es el paso, la altura sobre el barranco y la posibilidad de cruzarlo caminando mientras se contempla de cerca una auténtica obra maestra de la ingeniería romana.

Imagen de la sorprendente estrechez del Pont del Diable de Tarragona. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Después de disfrutar del monumento desde todos los ángulos posibles, afrontamos el último tramo de la ruta. Afortunadamente, la llegada a Tarragona es mucho más agradable de lo que podría esperarse. Los paseos peatonales que acompañan al río Francolí permiten evitar por completo el entramado de carreteras e infraestructuras que rodean la ciudad, ofreciendo una entrada cómoda y tranquila. Y cuando finalmente alcanzamos la Rambla Nova de Tarragona, tuvimos la confirmación definitiva de que esta original ruta entre dos estaciones había merecido, y mucho, la pena.

Imagen de la preciosa y raramente solitaria Rambla Nova de Tarragona. Foto de Carlos Garcia Delgado.

Un paseo por Tarragona y un baño en el Mediterráneo para poner el broche de oro

Aunque el verdadero protagonista de esta excursión es la ruta entre las dos estaciones, sería un error llegar a Tarragona y marcharse sin dedicar al menos un rato a recorrer algunos de sus rincones más emblemáticos. La visita es breve, casi de paso hacia la estación, pero suficiente para descubrir por qué la antigua Tarraco está considerada uno de los conjuntos arqueológicos romanos más importantes de Europa.

Nuestra entrada en la ciudad se realiza por la Rambla Nova, el gran paseo de Tarragona y uno de los principales puntos de encuentro de sus habitantes. Desde allí giramos hacia la Plaça de la Font, una de las plazas con más ambiente de la ciudad. Su forma alargada, las numerosas terrazas y el hecho de estar construida sobre parte del antiguo circo romano la convierten en un lugar muy especial.

Continuamos por el Carrer Major, al que accedemos junto a las fotogénicas Escales de la Baixada de la Misericòrdia, uno de esos rincones que invitan a detenerse unos minutos para contemplar el entorno. Al final de la calle aparece la magnífica Catedral de Tarragona, construida entre los siglos XII y XIV sobre el antiguo templo romano dedicado al emperador Augusto. Su imponente fachada y su privilegiada ubicación dominan todo el casco antiguo.

Imagen de las fotogénicas Escales de la Baixada de la Misericòrdia de Tarragona. Foto de Carlos Garcia Delgado.
Imagen de la Catedral de Tarragona desde el acceso por el Carrer Major. Foto de Carlos Garcia Delgado.

A medida que nos acercamos al mar, la ciudad muestra su pasado romano en todo su esplendor. Cruzamos la Plaça del Fòrum, donde todavía pueden apreciarse restos del antiguo foro provincial de Tarraco, y pasamos junto al impresionante Circ Romà de Tarraco, uno de los circos romanos mejor conservados de Europa. En esta ocasión no lo visitamos por falta de tiempo, pero si nunca habéis estado en Tarragona, os recomendamos reservar unas horas para recorrerlo con calma.

Pocos minutos después regresamos a la Rambla Nova para alcanzar uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: el Balcó del Mediterrani. Desde este extraordinario mirador, situado sobre un acantilado, la panorámica resulta sencillamente espectacular. A nuestros pies aparecen el intenso azul del Mediterráneo, la Platja del Miracle, la estación de tren (final de nuestra ruta) y el inmenso puerto de Tarragona. Solo entonces uno se da cuenta de la altura a la que se encuentra asentada la ciudad.

Y fue precisamente desde allí donde tomamos una decisión improvisada: ¿cómo íbamos a marcharnos sin darnos un baño en esa playa tan tentadora? En apenas unos minutos descendimos hasta la Platja del Miracle, disfrutamos de un refrescante chapuzón y, con la satisfacción de haber completado una excursión redonda, caminamos los escasos metros que nos separaban de la estación de Tarragona para tomar el tren de regreso a Barcelona.

Pocas rutas permiten enlazar en un solo día un viaje en alta velocidad, caminos rurales entre almendros y olivos, arquitectura modernista, un magnífico acueducto romano, el casco histórico de una ciudad Patrimonio de la Humanidad y un baño en el Mediterráneo antes de volver a casa. Sin duda, una de esas excursiones que demuestran que, muchas veces, las mejores aventuras están mucho más cerca de lo que imaginamos.

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