Una escapada de dos días en bicicleta y tren
Esta aventura comienza en Barcelona, donde subimos al tren rumbo a Girona con las bicicletas preparadas para pasar dos días pedaleando por tierras gerundenses. Una vez en Girona comienza realmente la ruta: unos 45 kilómetros hasta Sant Miquel de Campmajor, pasando por Banyoles y recorriendo buena parte del trazado de la antigua línea ferroviaria que unía Girona con Banyoles.

Este recorrido tiene además un pequeño viaje al pasado. El antiguo ferrocarril, conocido popularmente como el Tren Pinxo de Banyoles, llegó por primera vez a Banyoles el 16 de marzo de 1928. Era un pequeño tren de vía estrecha que comunicaba Girona con Banyoles y que, después de quedar interrumpido durante la Guerra Civil, volvió a funcionar hasta su cierre definitivo en 1956. Su trazado discurría por lugares que hoy podemos recorrer de una manera muy diferente, siguiendo en bicicleta buena parte de aquella antigua infraestructura ferroviaria.
La idea es tomarnos la primera jornada con calma. Tenemos todo el día por delante para pedalear tranquilamente, hacer diferentes paradas, pasar un rato en Banyoles y disfrutar de los paisajes y pequeños pueblos que encontramos por el camino. Al final de la jornada llegaremos a Sant Miquel de Campmajor, donde pasaremos la noche en un camping.
Al día siguiente toca deshacer el camino hasta Girona, aunque esta vez por una variante que nos permitirá descubrir otros paisajes. Y aquí cambia el ritmo: el recorrido invita a avanzar rápido, sin apenas pausas, por pistas y carreteras solitarias que son un auténtico gustazo para poner a prueba nuestras bicicletas. El kilometraje será prácticamente el mismo, pero la sensación será muy diferente.
Llegaremos a Girona alrededor del mediodía, con tiempo para comer tranquilamente antes de subir de nuevo al tren por la tarde y regresar a Barcelona.
Dos días, unos 90 kilómetros en bicicleta y un viaje en el que el tren vuelve a ser una parte fundamental de la aventura.
Cómo llegar de Barcelona a Girona en tren con bicicleta

Para comenzar esta ruta, viajaremos desde Barcelona hasta Girona en tren convencional, ya que los trenes de alta velocidad no son una opción para llevar nuestra bicicleta.
Entre Barcelona y Girona circulan dos tipos de tren convencional: Regional y Media Distancia, con frecuencias aproximadas de un tren cada hora o cada hora y media, por lo que tenemos bastante flexibilidad para elegir el horario que mejor nos convenga.
El Regional, que cuesta unos 9 € por trayecto, permite llevar la bicicleta dentro del tren sin reserva. Eso sí, en horas de mucha afluencia podemos tener problemas de espacio, especialmente con una bicicleta eléctrica, aunque estas están permitidas en el tren. No ocurre lo mismo con los patinetes eléctricos y otros vehículos con baterías, cuyo transporte está restringido.
Nosotros recomendamos el Media Distancia, aunque cuesta unos 12 € por trayecto. Estos trenes disponen de espacios habilitados para las bicicletas y es necesario reservar previamente la plaza, aunque la reserva es gratuita. Las plazas son limitadas, por lo que conviene hacerlo con antelación.
Por solo 3 € más, creemos que merece la pena viajar con la bicicleta en un espacio específico y con nuestra plaza asegurada.
Estos son nuestros horarios recomendados:


Los horarios pueden variar según el día, por lo que recomendamos comprobarlos antes del viaje en la web de RENFE.
¿Cuánto se tarda en hacer la ruta?
Los tiempos que indicamos en esta ruta son siempre orientativos. Nosotros la hemos realizado con bicicleta eléctrica, que ayuda especialmente en las subidas y permite afrontar los kilómetros con un ritmo cómodo.
Si se hace con una bicicleta convencional, el tiempo dependerá mucho de la condición física de cada ciclista. No es lo mismo un ciclista acostumbrado a hacer muchos kilómetros que una familia con niños o alguien que simplemente quiera disfrutar del recorrido sin prisas.
Además, nosotros hemos planteado esta escapada para disfrutar del camino y no para hacerla contrarreloj. Durante la ruta paramos para hacer fotografías, visitar pequeños pueblos, contemplar el paisaje y descansar. Por eso, los tiempos que contamos en el artículo deben tomarse como una referencia y no como un tiempo necesario para completar el recorrido.
En definitiva, la ruta se puede adaptar perfectamente al ritmo de cada uno y, precisamente por eso, nos parece una escapada ideal tanto para ciclistas habituales como para quienes quieren iniciarse en el cicloturismo.
Primer día: de Girona a Banyoles y Sant Miquel de Campmajor

Llegamos a Girona a media mañana y, nada más bajar del tren, comienza nuestra aventura sobre dos ruedas. La salida de la ciudad se hace un poco larga, pero pronto encontramos uno de los tramos más curiosos de toda la ruta: un carril bici que discurre bajo el viaducto de la vía del tren. Las plantas colgantes que decoran el enorme viaducto le dan un aspecto realmente bonito y hacen que el comienzo de la pedalada sea de lo más especial.

Poco después llegamos al río Ter, que en este punto no cruzamos, y atravesamos el Parc de la Devesa, hasta enlazar finalmente con la Vía Verde. El camino avanza junto al Ter por un agradable paseo, compartido por peatones y bicicletas, que nos permite alejarnos poco a poco de Girona.
Entramos así en Sarrià de Ter, que atravesamos por el Carrer Major. A partir de aquí cambia completamente el paisaje: la ruta se adentra en el bosque y prácticamente no lo abandonaremos hasta llegar a Banyoles. El recorrido atraviesa pequeños núcleos de población que transmiten esa sensación de lugares tranquilos donde parece que se debe vivir realmente bien. Uno de ellos es Sords, donde nos llamó especialmente la atención su pequeña iglesia.

Pedaleamos sin prisas, disfrutando del camino y haciendo paradas aquí y allá para descansar, hacer alguna fotografía o simplemente contemplar el paisaje. Después de unas tres horas de ruta llegamos finalmente a Banyoles.
La entrada la hacemos por el núcleo de Mata, donde nos espera una curiosa sorpresa: un Tren Pinxo restaurado junto a la antigua estación, un pequeño recuerdo del ferrocarril que durante décadas recorrió estas tierras.

Después de comer algo, llega uno de los momentos más bonitos de la jornada: rodear el lago de Banyoles por el sendero que bordea sus aguas. El recorrido es precioso, aunque debemos advertir que en días festivos puede estar bastante concurrido. Aun así, merece mucho la pena pedalear junto al lago y disfrutar de sus aguas de un azul espectacular.


Llegamos hasta Porqueres, donde hacemos una breve parada para visitar su austera iglesia. Desde aquí todavía nos quedan unos kilómetros hasta nuestro destino final.
Para llegar al Camping La Vall de Campmajor, en Sant Miquel de Campmajor, abandonamos la Vía Verde y tomamos una bonita carretera, muy poco transitada, que comienza a ganar altura suavemente hasta superar un pequeño puerto. Son apenas ocho kilómetros más, pero suficientes para poner el broche final a nuestra primera jornada.
Llegamos al camping cansados, pero felices. Han sido unas horas de pedaleo tranquilo, muchos paisajes, pequeñas sorpresas y, sobre todo, el placer de descubrir que también se puede viajar muy lejos sin necesidad de utilizar el coche.
Camping La Vall de Campmajor: una noche en plena naturaleza
Nos encantan estos pequeños campings de montaña, aislados de todo, rodeados de naturaleza y perfectamente integrados en el paisaje. El Camping La Vall de Campmajor es un buen ejemplo de lo que, para nosotros, debería ser un camping de montaña.


Para pasar la noche elegimos una tienda ya preparada para dormir, lo que ahora parece que llaman glamping. Reconocemos que nos imaginábamos algo bastante más cutre, pero la experiencia nos sorprendió para bien. La tienda cuenta con camas cómodas, enchufes, mesa y sillas y todo lo necesario para pasar una noche estupenda.


Eso sí, por la noche refresca bastante, aunque nada que no solucionen un buen edredón y un pequeño calefactor.
Además, el camping cuenta con un buen bar, donde preparan pizzas por encargo, y una estupenda piscina que, en conjunto, completan una experiencia de diez.


Nos encantó.
Segundo día: el camino de vuelta a Girona

Después de un buen desayuno en el bar del camping, que junto con la cena que también ofrecen nos permitió no tener que cargar con demasiadas provisiones, emprendemos el regreso hacia Girona.
Esta vez, al pasar Banyoles, cambiamos de ruta. Dejamos atrás la Vía Verde y nos desviamos hacia el norte para darle un poco más de variedad al recorrido. Gran acierto. El paisaje cambia por completo y empezamos a atravesar unos preciosos campos que, por momentos, nos recuerdan a la Toscana. No estamos tan lejos del Empordà y se nota.
Atravesamos pequeños núcleos de población, todos ellos tranquilos y cuidados, con sus pequeñas iglesias y unas casas que dejan entrever que por aquí no falta precisamente el dinero. En uno de ellos incluso nos encontramos con una boda que parecía sacada de «Ocho apellidos catalanes».

Una vez dejamos atrás el último de estos pueblos comienza una larguísima bajada por unas pistas extraordinarias que nos permiten avanzar a muy buen ritmo. Casi sin darnos cuenta llegamos a Medinyà, ya muy cerca de Girona.
Cruzamos sin problemas la N-II y afrontamos los últimos kilómetros junto al Ter, siguiendo un precioso paseo fluvial que nos devuelve poco a poco a Girona.
Y para poner el broche final a estos dos días, buscamos un sitio donde comer. Y mira tú por dónde, pasamos delante de un auténtico clásico de estas comarcas: König. Su carta de platos y bocadillos y, sobre todo, el espacio donde pudimos dejar las bicicletas bien atadas, nos vinieron de maravilla para recuperar fuerzas antes de coger el tren de regreso a Barcelona.

Dos días maravillosos, unos 90 kilómetros en bicicleta y un montón de paisajes para recordar. Una nueva aventura de Tren de Viajes en la que, esta vez, cambiamos las botas por los pedales, pero mantuvimos al tren como compañero de viaje.


